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El nombre de Maspalomas

Para Néstor Álamo, el nombre de Maspalomas estaría relacionado con un conquistador mallorquín, Rodrigo Mas de Palomar, que obtuvo tierras en la zona, y que a partir de ahí su apellido degeneró hasta convertirse en el “Maspaloma” o “Maspalomas” actual. En esta línea, en el estudio realizado sobre La toponimia de Gran Canaria, el lingüista Maximiano Trapero clasifica este topónimo como un catalanismo, a partir del apellido catalán Mas, al que se considera ”seguramente presente como elemento léxico en los topónimos compuestos Maspalomas, Mascuervo y Masamoya”. Sin embargo, no existe constancia documental, ni oral, salvo en la señalada en primer lugar, a que nadie con estos apellidos recalara por esta parte de la isla, como conquistador o adjudicatario de alguna propiedad. Es más, estas tierras del Sur no serían repartidas tras la Conquista, quedando bajo control directo de la Corona, es decir, de realengo. Ello queda claramente reflejado en el libro de Repartimientos de Gran Canaria, en el que no sólo no se recoge ningún reparto de terrenos y aguas en este sector, sino que ni siquiera dicho apellido u otro similar aparece en la lista de beneficiados.

Hay referencias a un Francisco Palomar, rico mercader genovés y “vecino de la ciudad de Valencia”, que se encontraba en Gran Canaria en 1494, amigo y socio del conquistador Alonso Fernández de Lugo, al que compró 87 esclavos guanches capturados en Güimar, y que serían vendidos luego en la referida ciudad del levante español. Este Francisco Palomar o Palomares, se hizo con propiedades en la Isla, pero en el extremo opuesto a Maspalomas. En ese mismo año 1494 compraría al señalado Fernández de Lugo, en unas condiciones muy ventajosas, el ingenio azucarero y tierras aledañas que éste poseía en Agaete, propiedades de las que tuvo que desprenderse para hacer frente a los gastos de la conquista de Tenerife.

En cuanto al apellido Mas, Antonio de Viana lo recoge en sus Antigüedades de las Islas Afortunadas, obra escrita en los primeros años del siglo XVII, si bien como correspondiente a tres conquistadores de la Isla de Tenerife, aspecto que también reproduce el historiador José de Viera y Clavijo, en la segunda mitad del siglo XVIII.

Lo que aparece fuera de toda duda es que desde un primer momento, las Crónicas nos señalan claramente dicho topónimo:

“Hallaron los spañoles diuidida la isla de Canaria en dos señoríos, vno en Telde a el Oriente, puesta en medio de las Isletas i punta de Maspaloma”. (Libro Segundo prosigue la Conquista de Canaria, Pedro Gómes Scudero, s.XV).

En el relato de la conquista castellana de la Isla que realizara el historiador Marín de Cubas en 1687, deja constancia del topónimo:

“Del Real de Las Palmas corrian la costa hasta Maspaloma y Tirajana, y serca de Aguimes en el barranco de Guaiadeque hallo Pedro de Vera un canario con ganado que no huio y preguntado que era xristiano, y se llamaba Juan Maior, natural de Lanzarote...” (Tomás Arias Marín de Cubas, Historia de las Siete Islas de Canaria, 1687).

Sebastián Jiménez Sánchez, en su inédito Diccionario etimológico y toponímico de Gran Canaria, no aporta ningún dato de interés sobre el origen de tal topónimo, limitándose a describir el lugar, destacando la originalidad de la vegetación y del paisaje, y el hecho de ser un “punto muy visitado por los naturales y forasteros y de grandes posibilidades en el futuro”.

En cuanto a su aparición en la cartografía más antigua de la isla, el ingeniero italiano Leonardo Torriani, quien por mandato de Felipe II recorriera las Islas Canarias entre las dos últimas décadas del siglo XVI, al objeto de informar sobre el estado de sus fortificaciones, refleja en el mapa de Gran Canaria el topónimo de “Maspaloma”. Posteriormente Pedro Agustín del Castillo, en los magníficos mapas que acompañan su Descripció de las Yslas de Canaria realizada en 1686, coloca a su vez el nombre de “mas Palomas”, en el referido a la isla, confeccionado con mayor detalle; como en el que recoge todo el Archipiélago, donde aparece “Maspaloma”. De unos años más tarde, 1690, es el mapa de Canarias y Madeira del cosmógrafo veneciano Coronelli, en el que también figura dicha localidad, y asimismo en singular.

Más tardíamente, en 1764, George Glas, en el mapa del Archipiélago que incorpora a su descripción de las Islas, señala en el extremo Sur grancanario a “Maspaloma”.

Igualmente la consignan otros geógrafos en las distintas representaciones cartográficas que se elaboran de la Isla a lo largo del siglo XVIII, caso de Borda (1776) o López (1780), como recoge Sabino Berthelot en su Historia Natural publicada en 1838. También de fines del siglo XVIII es la carta del ingeniero francés M. Bonne, que coloca un “Maspaloma” en el Suroeste grancanario, prácticamente a la altura del Puerto de Mogán.

Para el siglo XIX, se tienen entre otros muchos, el mapa de Gran Canaria que aparece en la ya señalada Historia Natural de las Islas Canarias de S. Berthelot, en el que recoge el topónimo. Particularmente curioso resulta un mapa de la Isla de 1806, confeccionado por el pintor José Ossavarry Acosta, y que formaba parte del expediente relativo a la creación de nuevos núcleos de población en Gran Canaria. En 1773, a instancia del entonces obispo de la diócesis Canariense, fray Juan Bautista Cervera, el Cabildo de Gran Canaria se planteó la creación de tres nuevas poblaciones en los Valles de Mogán, Veneguera y Tasarte, barrancos del Suroeste de la Isla, de suelos fértiles, deshabitados y todavía tierras de realengo. La desidia administrativa hizo que tal propuesta se fuera dilatando hasta que en 1806, a requerimiento del Supremo Consejo de Castilla, se encarga a Osavarry una descripción cartográfica de Gran Canaria, que acompañaría al resto de la documentación necesaria para el propósito señalado. Lo singular de este mapa radica en que una “línea roxa distingue la parte poblada de la despoblada de la Isla. El color rosado señala la poblada y el terizo (en realidad azulado) la despoblada y desierta, en donde únicamente se mira La Aldea de San Nicolás, pequeño lugar, colocado hacia el Oeste;...” (Béthencourt Masseu, A.,). Pues bien, la indicada línea de color rojo, cruza la isla desde el risco de Las Mujeres, al Oeste, y la desembocadura del barranco de Amurga, al Sureste. Siguiendo hacia el Sur nos encontramos la "P. de Maspalomas", extremo de dicho sector grancanario que adopta dicha denominación y que según se expresa, también constituye la parte “despoblada y desierta” de la Isla.

En el Atlas de España y sus posesiones de Ultramar (1849), de Francisco Coello, se ofrece una representación cartográfica de Gran Canaria no muy acertada, en la que aparece el topónimo “Lagunas de Maspalomas”, sobre la línea de costa, además del término ”Maspalomas” colocado bastante hacia el interior. Por otra parte, en una de las copias del Mapa de la Costa Occidental de África del teniente inglés W. Arlett, publicado en 1853, aparece la “Punta de Mas-Palomas”, así como la rada del mismo nombre.

En la cartografía de la Imprenta Falconer de París, que acompaña a los Estudios Históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias (1876), de Gregorio Chil y Naranjo, aparece “Mas Palomas” en el mapa general del Archipiélago, mientras que en el de Gran Canaria se indica ”Maspalomas” y “Punta de Maspalomas”.

Ya a finales de la centuria, en la Descripción de las Islas de Canarias elaborada por Juan de la Puerta Canseco, se incluye un mapa de las Islas Canarias en el que al Sur de Gran Canaria encontramos la”Punta de Mas Palomas”. Dicho mapa señala los distintos faros o luces de todo el Archipiélago, consignando su orden o importancia, así como una minuciosa relación de su estado actual, ya fuera encendido, en construcción, en estudio, etc.. Se indica que el de Maspalomas es de primer orden, el más importante de la Isla, y se encuentra encendido.

Por mera combinación de términos, se intenta relacionar el topónimo con la abundancia de aves en la zona. De hecho, José de Viera y Clavijo (1731-1813), señala en su “Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias”, al referirse a las palomas salvajes que:

“...abundan en las islas, con especialidad en la de Canaria, donde el Charco de Maspalomas ha tenido fama y nombradía por las estupendas bandadas que suelen anidar allí”.

De la misma manera, David A. Bennerman señaló que ”Maspalomas es en español “more pigeons” (Mas = more, palomas = pigeons), y el nombre es muy apropiado, ya que está plagado de Palomas que proporcionaban una caza excelente”.

De esta forma, Claudio de la Torre dejó escrito en una guía sobre la Islas Orientales del Archipiélago que:

“El nombre de Maspalomas se debe al paso de las palomas del Sáhara, que vienen a calmar la sed durante el día en la laguna del palmeral, regresando a África al anochecer. La pequeña albufera atrae gran cantidad de aves del desierto que van depositando en tierra diferentes semillas, por lo que se ha formado un apretado oasis con los más raros ejemplares de palmeras”.

En términos similares se expresa Alejandro Ciorannescu, cuando escribe:

“Históricamente ha servido de surgidero a navegantes y piratas, por disponer de agua para su aguada. También ha sido descanso de numerosísimas palomas, en su vuelo a África, y de ellas ha recibido su nombre”.

Leoncio Afonso Pérez, en su Oregen y rasgos de la toponimia canaria afirma que el “nombre es posible que proceda de la gran cantidad de aves que se daban cita en la laguna deltaica de agua dulce que existió en este lugar en los siglos XVI y XVII, periodo que fue lluvioso y en el que aún no se extraía el agua subterránea”.

Al margen de las impresiones que se observan en los textos anteriores, en lo referente a los movimientos diarios de las aves, la formación de la cubierta vegetal o la propia existencia de la Charca, no todo el mundo está de acuerdo en admitir que el nombre de este territorio del Sur de Gran Canaria tenga que ver, necesariamente, con la abundante presencia de palomas y otras especies de aves en la zona.

Por otra parte, si bien el topónimo se hace corresponder con el extremo Sur de la Isla, lo cierto es que por extensión, dicha denominación abarcaba un espacio mucho más amplio que el actual. Ello queda reflejado a la hora de designar las tierras llanas que estaban más allá de Juan Grande, hasta Arguineguín. Al respecto, en la licencia que el rey Carlos concede en 1677 para construir el Castillo del Romeral, se indica el lugar “en las calmas de la costa de Maspaloma” (Cazorla León, S.)

Aunque en los documentos más antiguos aparece mayormente en singular, en otros se recoge el término en plural, tal y como sucede en la actualidad, pudiéndose apreciar incluso dentro de un mismo texto de las dos formas, como ocurre en el testamento del Licenciado Mateo Pérez de Villanueva, de 21 de octubre de 1710 (Suárez Grimón, V.) en el que incluye dentro de sus bienes:

“un cortijo que se llama Maspalomas que e auido y tenido por zedula real de Su Magestad, que seran doscientas fanegadas, todas las mas llanas, con el charco que se llama Maspaloma, ...”

En otras ocasiones se llegó a separar en “Mas Paloma” o “Mas Palomas”, aspecto este último, que llega a aparecer hasta en la actualidad en ciertas publicaciones por error o ignorancia. Lo cierto es que en el momento presente nos encontramos con una sonora y singular denominación, para la cual no es posible determinar de una forma clara su origen.

 

 
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